Con la excusa de una ingenua protagonista y su fascinación por las novelas góticas, Jane Austen escribe la más divertida de sus novelas, así como la más rápida y simple. Tenemos un narrador que en todo momento opina, compara, explica directamente al lector con mucho humor (aunque a veces se vaya de tema o alargue eventos), convirtiéndose en un homenaje y parodia de este tipo de relatos.La protagonista, cuando logra salir al mundo exterior se ve envuelta en muchas situaciones que no sabe comprender pues todo se dice con indirectas, dobles sentidos, y resultan más evidentes al lector que a ella. Con muchos giros de por medio, aprenderá a manejarse y salir de los enredos, sin duda es una de las heroínas que mejor evolucionan.
El interés amoroso se hará esperar pero vale la pena: desde el primer momento se muestra amigable, cómico, honrado, aunque no tome algunos temas en serio. Es el antídoto para el dolor de cabeza que deja Isabella Thorpe, un tipo de mujer que hemos visto reencarnada en las novelas hasta el cansancio (Lucy, Lady Susan, Mary Crawford) y aquí no lleva la suficiente gracia para diferenciarse de sus predecesoras.
El choque entre clases sociales está presente como siempre, con el aditivo de vernos en uno de los centros de la Inglaterra de ese tiempo: Bath. Los bailes, protocolos, relaciones que se forman allí son más visibles por tener a nuestra Catherine tratando de entenderlos para cumplirlos.
Mi mención especial irá para la escena del carruaje entre Catherine y su futuro amado, uno de los momentos más dulces que haya escrito la autora.
Para una de las heroínas más jovencitas tenemos una historia que no es la más recordada, pero mucho más que entretenida.










