Especial Jane Austen: La Abadía de Northanger

Para muchas personas los libros son una ventana al mundo, y para Catherine Morland son su única conexión con el exterior, fuera del campo y la vida familiar. Pero nadie le ha dicho que las novelas góticas que lee, llenas de fantasmas y misterios, pertenecen al pasado y ella transformará su divertido viaje de descubrimiento en una historia macabra que podrá herir a otras personas y, sobre todo, a ella misma.

Con la excusa de una ingenua protagonista y su fascinación por las novelas góticas, Jane Austen escribe la más divertida de sus novelas, así como la más rápida y simple. Tenemos un narrador que en todo momento opina, compara, explica directamente al lector con mucho humor (aunque a veces se vaya de tema o alargue eventos), convirtiéndose en un homenaje y parodia de este tipo de relatos.

La protagonista, cuando logra salir al mundo exterior se ve envuelta en muchas situaciones que no sabe comprender pues todo se dice con indirectas, dobles sentidos, y resultan más evidentes al lector que a ella. Con muchos giros de por medio, aprenderá a manejarse y salir de los enredos, sin duda es una de las heroínas que mejor evolucionan.

El interés amoroso se hará esperar pero vale la pena: desde el primer momento se muestra amigable, cómico, honrado, aunque no tome algunos temas en serio. Es el antídoto para el dolor de cabeza que deja Isabella Thorpe, un tipo de mujer que hemos visto reencarnada en las novelas hasta el cansancio (Lucy, Lady Susan, Mary Crawford) y aquí no lleva la suficiente gracia para diferenciarse de sus predecesoras.

El choque entre clases sociales está presente como siempre, con el aditivo de vernos en uno de los centros de la Inglaterra de ese tiempo: Bath. Los bailes, protocolos, relaciones que se forman allí son más visibles por tener a nuestra Catherine tratando de entenderlos para cumplirlos.

Mi mención especial irá para la escena del carruaje entre Catherine y su futuro amado, uno de los momentos más dulces que haya escrito la autora.

Para una de las heroínas más jovencitas tenemos una historia que no es la más recordada, pero mucho más que entretenida.


MDNA, Madonna.

En el último receso de la reina del pop han ocurrido muchas cosas, han pasado muchas personas y se le ha cuestionado el trono sin mucho fundamento. Por ello, con las grandes colaboraciones de Benassi, Solveig y William Orbit (productor de Ray of Light), había mucha especulación con lo que traería este álbum.

Y, sin embargo, Madonna no se ve interesada en pelear por su trono, considerando que no lo necesita. En su lugar, divide su tiempo entre la omnipresente discoteca y reflexionando sobre su divorcio.

Para comenzar, hay que reconocer que los sencillos han despistado a casi todos los que estábamos interesados en el álbum. Hay un lado definitivamente relacionado con la promoción, un lado más electrónico (y más cercano a lo que muchos querían), y dos canciones que se sale (y sobresalen) del estilo.

Casi una mitad del álbum muestra ese lado divertido y simple de los sencillos, que en el mejor de los casos funciona (Masterpiece) y en el peor aburre (I'm a Sinner). Ya sea bailando (Girl Gone Wild), o cantando sobre amores dulzones (Give Me All Your Luvin', Superstar), tenemos canciones lindas pero normales, que cualquier otra cantante podría cantar.

Un poco más potente está el lado de la electrónica, es decir, aquellos que salen de la media divertida. Los productores "top" parecen haber dado una de cal y una de arena en el álbum (I'm Addicted), mientras que los mejores cortes son pertenecientes a Orbit, con quien Madonna tiene una afinidad increíble.

No solo la melodía de este grupo se destaca, sino algunas letras (que en mucho del álbum resultas anodinas) sobre su divorcio, como en Love Spent, uno de los mejores temas (con cierto parecido a Hung Up), o en un baile, donde la cantante es un pez en el agua (Turn Up the Radio)



Y entre medio encontramos dos extraños: Falling Free, una balada acústica bastante linda, cercana a Masterpiece, donde Madonna deja que sus emociones la lleven, perfecta para cerrar el disco. Y en el extremo opuesto tenemos Gang Bang, que habla de como desea matar a su ex amante, con una producción impecable, un ritmo de dubstep y disparos por todos lados.



En total, no es el mejor disco de Madonna, y a veces las canciones son puro relleno, pero encontramos pequeñas joyas y, sobre todo, una cantante despreocupada y dispuesta a divertir con calidad. Solo esperamos que por favor tenga una mejor elección de sencillos a partir de ahora.


Victor Victoria (1982)

Contiene pequeños spoilers por fuera del formateado.

Cuando el "rey" Marchand ve actuar a Victoria, queda hipnotizado cons u perfecta voz, su presencia carismática y su enigmático aspecto. Por eso queda destrozado al comprender, con el resto de la audiencia, que Victoria es el conde Victor, un travesti con un dón para el espectáculo. Por si fuera poco, cada encuentro con el conde lo deja sumido en la duda, ¿puede él enamorarse de un hombre? ¿acaso importa el sexo en algo tan complejo como el amor?

Pero la realidad es incluso más compleja de lo que Marchand cree, pues Victor es en realidad Victoria, un mujer cuya única opción es hacerse pasar por travesti para salir de la pobreza.

Una película como Victor Victoria resulta indispensable para cualquier persona que busque sobre temas como la identidad. Marchand sentirá la vergüenza pública de una sociedad homofóbica, y Victoria tendrá los beneficios de una sociedad machista. Entre tantos bailes, enredos y comedias hay lugar para la reflexión, con personajes que dudan y cambian hasta conocerse y darse el valor que se merecen.

Pero aquellos que busquen simplemente un musical tendrán uno de los mejores. La voz de Julie Andrews está en plena forma, la presencia de Robert Preston como Toddy (amigo, cómplice y creador del conde Victor) trae los mejores diálogos, con situaciones disparatadas, conmovedoras y muchas sorpresas.

(S) Sin embargo, una gran falla que le veo a la película es, justamente, la escena en que Marchand descubre quel conde es mujer, dándole un marco de "corrección" a su amor. El propio director admitió haberse acobardado, y nosotros estamos de acuerdo. (FS)

En el otro lado, encontramos que lo mejor se da en la amistad de Toddy y Victoria. Con las frases más ingeniosas, la compicidad en sus actos y la química acorde de los actores, mueven la historia hasta un final... ameno.

Mi mención especial recae, entonces, en tres grandes hombres detrás de la historia: Reinhold Schünzel, quien creó la versión original de la obra; Hans Hoemburg, co-guionista; y Blake Edwards, quien llevó con correción la película y dio un paso adelante en un tema que incluso hoy en día resulta tan controversial.



Percy Jackson & Los Olímpicos, Rick Riordan

Percy Jackson debió darse cuenta que era especial. Con un padre desaparecido, varias escuelas a las que no pudo adaptarse, encuentros raros a lo largo de su vida, un padrastro salido de un cuento de hadas... las pistas estaban a simple vista. Aunque esto no te prepara para:
  • · Ser perseguido por un minotauro.
  • · Enterarte que una mitad de tu mejor amigo es peluda y con pezuñas.
  • · Tu padre no está muerto sino debajo del mar, ala padre de la Sirenita.
  • · Eres el peón de una conspiración contra la civilización occidental y para demostrar no haber hecho algo que nunca hiciste, deberás llevar aquello que no tienes a quienes te odian por creerlo robado.

PJ&LO es una saga bastante querida y recomendada, y esta reseña no es la excepción. Es una historia simple, con personajes tipo y historias basadas en mitología griega (a veces literalmente iguales), pero logra sobresalir porque está muy bien escrita. Riordan juega con lo familiar y lo nuevo, el cliché y la sorpresa, enfocándose en los personajes y como van creciendo.

Percy es el típico héroe que debe salvar al mundo, con la necesidad de ayudar a todos y sin conocer bien su destino. No es el personaje más impresionante, o el más divertido, pero posee carisma suficiente para hacer que nos interese lo que le ocurre.

Lo que más se destaca es la premisa, la futura guerra, así como el mundo en que se vive. Esperamos para conocer a los dioses, las criaturas, las adaptaciones de las leyendas y las situaciones descabelladas que ocurren. Es imposible aburrirse con los libros, algo siempre pasa.


Sí fallan, en parte, aquellos momentos donde la trama es igual a la historia griega, con el mismo final. Aún así, tendremos a Clarisse (mi mención especial) para salvar el día y convertirse en el personaje mejor desarrollado, con un momento de gloria y todo.

El gran acierto de la historia será, entonces, el no tomarse a sí misma demasiado en serio. No busca ser el nuevo Harry Potter (como muchos dicen) sino entretener a niños y adultos con una historia inteligente, y logrando lo que se propone.

Una saga divertida, rápida, fluida, con momentos geniales y un gran detalle al mundo creado.




99 Cartas de Amor, varios autores.

El amor es algo imposible de escapar, no solo por su condición universal, sino porque en todos los lugares tenemos símbolos que nos lo recuerdan. Un libro como 99 Cartas de Amor podría devolvernos a la esencia de ésto, pues como reza la contratapa, "¿Quien no ha escrito nunca una carta o una nota de amor o al menos lo ha pensado?". Lo que no ha cambiado es lo que debería definir al amor.

Sin embargo, el libro me atrajo por otro motivo: los escritores de las cartas son artistas, cinéfilos, políticos o personas célebres, ¿cuánto de su vida personal trasluce en su trabajo? Tenemos a Marie y Pierre Curie, a Freud, Chopin, Simone de Beauvoir, Baudelaire... todos revelando quizás demasiadas intimidades.

En sí, a pesar de ser una gran idea, no funciona a menos que se conozca de quien se habla. Las confesiones subidas de tono de Paul Edgard no significan mucho si no sabemos de los escándalos que ha creado en su épica, los celos de Ninon de Lenclos son conocidos pero no nos definen su persona, no hay introducción de quienes hablan y por eso solo determinadas cartas serán disfrutables dependiendo de la familiaridad del lector.

Así, alguien como Dostoievski excusándose justamente por ser un Jugador, la declaración de Oscar Wilde o lo inusual de leer a Baudelaire mandando anónimos, resulta divertido y enriquecedor para las obras de éstos. Son cartas que, si bien nadan en un mar de composiciones similares, con su revelaciones se vuelven más distintivas.

El otro problema que presenta es que está dividido en tres partes: Amor platónico, amor apasionado y amor contrariado, pero no se nota. Es una mezcla de cartas que perfectamente podría formar parte de los tres grupos a la vez, dejándonos confundidos y sobrecargados.

No es una mala colección, pero sí desordenada y simplificada. Sin embargo, no tengo duda que sacará un mejor partido cuánto más se conozcan los personajes detrás de las cartas. Incluso puede ser un perfecto incentivo a estudiar el arte de cada uno, ahí si que funcionará.